Vacaciones en casa. Denver

Lunes, 18 Agosto   

Avalancha. Llegan los niños. Llegan dispuestos a quedarse, a jugar, a saltar, a pelearse… traen consigo un arma peligrosísima: energía a raudales. Y contra eso hay defensa posible. Lo mejor es claudicar y unirse al enemigo. Solo así podremos guiar ese vendaval y conseguir que el tornado encuentre sitios seguros donde desahogarse.

Pocos son los padres a los que “vacaciones de los niños” les suene a descanso. El niño tiene programado que debe levantarse a las 8 de la mañana y no es fácil sacarle esa manía de la cabeza. Ya podemos estar cansados, deseando paladear un poco más las sábanas [solo un poquito más]. El niño es niño y en su inocencia ignora la crueldad a la que nos somete: Son días en los que uno se acuerda de los maestros del niño y se debate entre ponerles unas velas [¡benditos! ¡qué paciencia!] o echarles una maldición [¡no hay derecho! ¡yo trabajando y ellos de vacaciones!].

Precisamente el suyo es ahora el ejemplo que debemos tomar. El profe es un adulto que les va dando tareas a los niños, tareas en las que se implican, que captan su interés, en las que se concentra y con las que aprende. No es que el profesor se haya ido y ya está, es que se ha tomado un descanso y ahora nos toca a nosotros “cubrir” su puesto.